“Friends” vs Michel Houellebecq:

Últimamente estoy viendo algunos capítulos de la serie estadounidense “Friends”, un clásico de los años 90 del siglo pasado y me está produciendo una sensación agridulce.

Las historias siguen siendo resultonas y divertidas, pero veo que ofrecen una visión irreal sobre las relaciones interpersonales. Muestran una pandilla se amigos super bien avenida, en la que todos pueden confiar en los demás ciegamente, con unos vínculos de amistad que quedan incluso por encima de relaciones amorosas con terceros.

Creo que en los 90 muchos soñábamos con una pandilla como la de “Friends” e incluso es posible que la serie tuviera cierta influencia, o por lo menos resonancia, con las formas y los modos de las pandillas reales, a nivel superficial. Pero las pandillas reales no eran tan chachis, en una pandilla real había jerarquías, celos, intentos de exclusión, los intentos de acercamiento amorosos frustrados dejaban una enorme situación de incomodidad, se formaban camarillas, se competía por el estátus social... Y eso en el mejor de los casos, porque podía haber situaciones de escasez de relaciones interepersonales que hacían suspirar por una pandilla como la de “Friends” (guapos, simpáticos y confiables) y hacía preguntarse al solitario porque él no tenía una pandilla así, con lo fácil que parecía en la serie. Así que el modelo irreal de relaciones amistosas de “Friends” generaba bastante frustración.

Hace poco leí mi segunda novela de Michel Houellebecq, del que ya había leido “Las partículas elementales” y ahora leí “El mapa y el territorio”. Me temo que la visión de las relaciones interpersonales de Houellebecq (quitando la facilidad para tener sexo de alguno de sus personajes) se parece más a la realidad occidental que “Friends”, por más desoladora que resulte. Una realidad en que predomina una cultura del individualismo con una visión instrumental de las relaciones interpersonales que señalaba Zygmunt Bauman en “Vida de consumo”. “Friends” ofrecía una imagen de relaciones interpersonales y vivencia de comunidad armoniosa en el marco de una cultura consumista y neoliberal que me temo que, en la práctica, es imposible, salvo que tengas una suerte enorme.