“Anna Karenina”, de Lev Tolstoi.

Acabé hace unos días la novela “Anna Karenina”, en traducción de Víctor Gallego Ballestero para Alba Editorial. Me gusta leer algún monumento literario de vez en cuando y el siglo XIX nos ha dejado novelones impresionantes.

En el relato se entremezcla la historia de Anna Karenina y la de otros personajes, principalmente la de Konstantín (Kostya) Dmítrievich Levin.

En esta novela, como en “Guerra y paz”, impresiona la profundidad psicológica de los personajes, además con perspectivas muy alejadas de la autoayuda, el coaching u otras formas de psicología pop contemporánea.

El personaje de Levin es tan protagonista de la novela como Anna Karenina y en buena medida es el principal vehículo de las reflexiones del autor sobre la vida, la sociedad y la religión. Acompañando al personaje de Levin, que es terrateniente, hay unas estupendas descripciones del rural ruso decimonónico que hacen fantasear con ir a hacer cicloturismo por alguno de esos parajes (que seguramente ya habrán cambiado mucho desde esas épocas).

De la manera en que reflexionan Levin y los demás personajes podemos pensar un poco en las diferencias entre este siglo XXI y el XIX. En ese siglo tenían un acceso a la información más limitada, pero probablemente, en un ambiente con menos “ruido comunicacional”, se reflexionaban las cosas más a fondo.

El personaje de Anna Karenina también tiene una evolución muy profunda a lo largo de la narración. Nos la presentan al principio de la novela como una mujer inteligente, serena y de buen corazón. La pasión por el conde Vronski la va transformando de manera profunda, de manera que casi lo único que subsiste de su ser original es su amor por su hijo Seriozha, personaje que también tiene cierto seguimiento a lo largo de la novela pero quedando abierta la cuestión de como será su carácter adulto, influido por su trayectoria vital. En un momento de gran desánimo, toda la gente con la que se le cruza por la calle le parece a Anna Karenina malvada y desagradable. Ejem ¿Alguna vez has tenido esa misma sensación?

El personaje del conde Vronski va cambiando de la personalidad de un joven adinerado, superficial e irresponsable a una persona con más fondo, aunque sin alcanzar ninguna redención.

Leyendo la historia del divorcio de Anna Karenina no pude dejar de pensar lo diferente que sería la situación hoy en día, la manera casi rutinaria en que se resolvería la situación, estableciéndose un régimen de visitas para Seriozha y una pensión de alimentos o quizás una custodia compartida. La situación se resolvería más limpiamente y con menos agonía, aunque las relaciones y emociones entre los divorciados podrían ser bastante parecidas en un divorcio contemporáneo.

Otra cosa que me llamó la atención de la novela es como las clases influyentes de la sociedad rusa de la época se las arreglaban para repartirse los puestos de poder y dinero, algo que me temo que es una constante de todas las sociedades capitalistas (y quizás de muchas no capitalistas) de todos los tiempos.

En la novela hacen una fugaz aparición un movimiento religioso de origen anglosajón que tiene rasgos bastante característicos de los evangelical (estilo estadounidense) de hoy en día, sobre los que Tolstói ofrece una mirada bastante negativa y, a mi parecer, acertada.

La novela, a pesar de no dejar de tener notas machistas, como es natural en una novela decimonónica, ofrece unos personajes femeninos muy potentes y complejos.

Me llamó la atención como muchos personajes tienen personalidades que reconoces en personas contemporáneas, que se podría pensar que son propias de esta época, pero que, a la luz de la novela, podemos ver que son tipos humanos mucho más constantes en la historia. Es el caso de Stiva, un personaje muy encantador y alegre, que cae simpático a todo el mundo, pero con un hedonismo egoísta y bastante amoral, que le lleva a poner los cuernos a su mujer y a buscar colarse en puestos bien retribuidos sin ningún problema moral, con una ligereza que podríamos pensar que es muy propia de este primer tercio del XXI.

Así que recomiendo la lectura de “Anna Karenina”, por ser una novela de personajes bien caracterizados, que te sumerge completamente en su espacio y tiempo, con un relato muy potente. Es una novela de considerable tamaño por lo que puede ser adecuado leerlo en varias tacadas, como si fuera una saga.